6 de febrero de 2008

Dolores Labarcena

















No, la casa no murió de muerte natural
Sostenida por vigas
que no atraviesan jamás
(como piernas)
ningún callejón
prefirió
imitando a un soldado
o a un hombre demasiado cívico
levantarse
la tapa de los sesos
sólo tuvo que burlar por un segundo la meditación
abrir la puerta (como una boca)
para que el objeto golpease
dentro
en la cavidad craneal

Era tan humillante doparse
y contar hasta 3…


...


Diálogo

La frontera
vuelve neurótico al hombre

Eso jurabas
leyendo aquel poeta ruso
-un tanto anulado por nuestras lenguas-
en lo opresivo
de ésa dimensión mayor.


...


Desahogo

Cuando el perro envenenado en nuestra infancia
-por la vecina
envenenada igualmente
por otros
fármacos
no menos nocivos
que la culpa-

no dejamos de gritar “despeñadero”
fosa/pabellón/declive
como si supiéramos la palabra:
ausencia

esa- según mi madre-
no se puede ocultar
en cualquier bolsa de plástico.