26 de febrero de 2013

Raúl Hernández Novás

















Este es el país de la lluvia,
éstos son los ojos del día y ésta es aquella calle
larga, que nunca conociste,
donde tu infancia fue aplastada,
Estos son mis ojos de antes,
mis ojos frente a los árboles gigantes,
frente a los barcos que resbalaban sobre un mar
acerado,
frente al cielo estrellado como una gran
confitería.
Este es mi cariño,
mi cariño pequeño, mi cariño de antes
que vuelve como un perrillo, como una cometa
halada hacia la tierra.
Estas son las raíces del sol, estos pies, estas
manos,
estos ojos que no son los de antes,
pero que son los mismos cada vez que te ven.




Cuba, 1948 – 1993.

Cees Nooteboom
















CEBO

El poema nunca puede hablar de mí,
ni yo de la poesía.
No estoy solo, el poema está solo,
y el resto es de los gusanos.
Me detuve en las calles donde viven las
palabras,
libros,cartas, informes,
y esperé
siempre supe esperar.

Las palabras,con sus formas claras u
 oscuras,
me volvieron oscuro y más claro.
Los poemas me alcanzaron
y se reconocieron como objetos.
Yo puedo verlo y verme.

No tiene fin esta adicción.
Escuadrones de poemas están buscando
sus poetas.
Vagan sin mando por el amplio territorio
de palabras
y guardan el cebo de su perfecta,
hermética, condensada, acabada
e irreductible forma.



La Haya, Países Bajos,1933

9 de febrero de 2013

Jack Spicer















de Un libro de música



Al final, los amantes
Quedan exhaustos como dos nadadores. ¿En dónde
terminó? No se puede saber. Ningún amor es
Como un océano con la vertiginosa procesión de los linderos de las olas
De los que dos pueden emerger exhaustos, ni largo adiós
Como la muerte. 
Al final. Mejor, diría, como un extremo
De cuerda enrollada
Que no disfraza en la vuelta final de sus extremos
Sus finales. 
Pero, dirás, nosotros amamos
Y algunas partes de nosotros amaron
Y el resto de nosotros seguirá siendo
Dos personas. Sí, 
La poesía termina como una cuerda. 



3 de febrero de 2013

Gerardo Deniz

















Materia Prima      

Detrás de esa puerta
hacen con Rúnika muebles y otros trebejos útiles.
Sacan ahora un paragüero
todo construido con ella (pues aun el humilde barniz
oscuro
se obtuvo destilando en seco huesos y tendones).
Travesaños, duelas, durmientes, tablas,
demás paralelepípedos;
la sierra mecánica atruena sin reposo.
Riñones como hojas de geranio, verdes y pelusientas,
sirven para agarrar las asas sin quemarse;
las tripas de gato son para raquetas y suturas
quirúrgicas.
Ya sólo suena su imprecación -futhark!- de tarde en
tarde,
más débil cada vez,
cuando el corte se desvía en exceso de la línea
(pues la sierra mecánica atruena sin reposo).
Por la rendija de la puerta veo barrer aserrín leonado
y siento una pena sin límites.
Nunca contemplaré la isla de Jan Mayen.
Ni me he de envenenar en un templo de Poseidón.
Después de la lluvia vespertina
iré pisando buganvilias derribadas,
silbando bajo, como un perfecto tonto,
llevando la mitad de mi enamoramiento sujeta en el
bolsillo
tal como un manco lleva su manga vacía, sí.




El ciclista

















Dolores Labarcena

                                                   
Recientemente Armstrong, no el trompetista y cantante de jazz que reposa en su podio, ad eternum, sino el ciclista, ha colgado los guantes. Y los ha colgado no de la forma en que los cuelga un ex-campeón de boxeo, ya que retirarse cuando se gana una retahíla de premios y condecoraciones a nivel mundial, no es nada fácil.

Pues bien, Lance, quien mantuvo en jaque al deporte, la prensa y la Agencia Antidopaje de los Estados Unidos, ha reconocido, luego de años haciendo el jueguito del gato y el ratón, que sus triunfos no dependían tanto de sus piernas como de algunas enjundias que lo mantenían con una carga in più, es decir, a lo Superman.

La analogía es un pie. Además de saber que ganó siete veces el Tour de Francia, y que en 2009 -a raíz de una “rotura limpia de la clavícula derecha” que sufrió en Palencia- la Asociación Juvenil El Torreón le erigió un monumento consistente en una bicicleta y una placa donde se puede leer: “Lance Armstrong por su carrera deportiva y personal”, no tengo otra información.

Este castillo de naipes, uno de muchos que se derrumba soplando, provoca, una vez más, que nos desternillemos de la risa con las pretensiones humanas.

¿Qué fue de la época de gloria y cuándo sucedió la agonía? De seguro alcanzó méritos por esfuerzo propio, pero entonces era un mozalbete conocido en su parroquia. El día que se empinó, y se puso la mano en el pecho, y sacó pecho mientras tocaban en otro lugar del planeta el himno de su nación, allí se acabó marimba.

En efecto, el espectáculo deportivo entretiene (lo mismo que el circo), sólo que, precisa de mecenas. ¿Quién se aprovecha de quién? Aquí lo justo es que cada palo aguante su vela. Mientras todo va viento en popa, el elegido de Hermes sube su cuesta hacia las nubes, y de cuando en cuando muestra la cara en pancartas o sale anunciando un jabón, o asegurándonos que tal ingrediente es el mejor para condimentar una sopa.

Cueste lo que cueste, (no el producto sino la fama) nuestro supuesto ideal, ya consumido (los años están demasiado lejos de la metáfora del tiovivo) se estrujará las neuronas para insuflarse, difícil tarea, la fibra menguada; seguir siendo campeón. ¿¡Campeón!? Lamentablemente cuando las cosas llegan a ese punto es para echarse a correr y no hay doctrina que valga.

Lance tenía muchísimos adeptos, a los cuales, después de hacerles creer que era el mejor de la clase, ha dejado con la boca en “O”. Convencido de sí mismo, o de sus mañas y triquiñuelas, el muy pillo pensaba que saldría ileso.

Lo último que sé de este ciclista es que el monumento que le erigieron en Palencia, ya no será suyo, sino del Ciclismo. En su caso, ya se apeó, por fin, de la bicicleta.

Por lo pronto sigo escuchando a Armstrong, al inimitable Louis. Y me repito esta frase como si fuese una milonga: “En la escala de lo cósmico sólo lo fantástico tiene posibilidades de ser verdadero”, o casi.