30 de enero de 2014

Amiri Baraka























El sexo, como el deseo


               (lejos de las calles. Linternas
en los bolsillos, el olor de los dedos, profundamente secreto.
Cada noche, otra violación. Los muchachitos se esconden en lo alto
de las colinas, cerca de estaciones de servicio y fábricas de cerveza,
esperando dar el golpe. Ni siquiera es amor. Sin embargo, ellos
esperan y fingen
                          ser hermosos.
Podría ser yo, aún ahora. (Tan lento, me veo a
mí mismo. Estar en un punto oxidado del pecho de mi hijo
muerto. Donde está la vida, toda la carne, para hacer
algo más que una silueta, una sombra sin aliento contando
nuevamente, sus chirolas.
¿Qué hay allí? ¿Dónde está? ¿Quién es ella? ¿Qué puede
darme a mí mismo, negociar conmigo mismo para hacer que yo me
entienda? Nada termina nunca. Nada pasa. Cada
acto de mi vida, conmigo ahora, hasta la muerte. Ellos mismos,
las razones para eso. Ellos son piedras, en mi boca
y oídos. Bosques enteros sobre mis hombros.







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