7 de septiembre de 2007

Hermann Hesse








Alemania,2 de julio de 1877-Montagnola,Tesino, Suiza,9 de agosto de 1962),fue un escritor,poeta,novelista y pintor suizo de origen alemán.Recibió el premio Nobel de literatura en 1946.Sus obras mas destacadas son,Peter Camenzind (1904),Demian (1919),Siddhart(1922),El lobo estepario(1927),Narciso y Goldmund (1930),El juego de abalorios( -o- Magister Ludi)1943.







(Fragmentos de"La Ruta Interior")






KLINGSOR ESCRIBE A LUIS EL CRUEL



¡Caro Luigi!
Hace mucho que no se o ye tu voz. ¿Vives todavía bajo la luz del sol? ¿O acaso un buitre roe ya tu esqueleto?
¿Nunca hurgaste con tu aguja de tejer en un reloj de pared? yo lo hice, y ocurrió que el diablo se apoderó del mecanismo y la cuerda se descargó ruidosamente; las manecillas se perseguían en veloz carrera en torno a la esfera, girando vertiginosamente con un ruido inquietante, un verdadero “prestissimo’t, hasta que todo acabó bruscamente y el reloj dejó de vivir. Lo mismo sucede aquí en Castagnetta: el sol y la luna corren afanosos por el cielo como corredores de Amok; los días se persiguen, el tiempo se escurre como la arena de una bolsa rota. Ojalá también el fin sea violento y este mundo ebrio se hunda del todo, en lugar de volver a su ritmo burgués.
Durante el día esto y demasiado ocupado, como para poder pensar en algo. ¡Qué ridículo y artificial resulta una frase como ésta cuando se la pronuncia en voz alta! Pero de noche añora a menudo tu presencia. En general esto y sentado en el bosque en una de las numerosas cantinas bebiendo el acostumbrado vino tinto que raras veces es bueno, pero ayuda, sin embargo, a soportar la vida y conciliar el sueño. Más de una vez me he dormido sentado junto a una mesa en el “Grotto”, demostrando ante las sonrisas de los lugareños que mi neurastenia no es tan insoportable. A veces ha y amigos y chicas y se pueden ejercitar los dedos en la plastilina de los miembros femeninos, mientras se habla de sombreros, zapatos y arte. Aveces la alegría y el buen humor desbordan y entonces gritamos y reímos toda la noche, y la gente se regocija de que Klingsor sea un compañero tan alegre. Ha y una mujer muy linda que pregunta muy interesada por ti, cada vez que la encuentro.
Nuestro arte, depende aún demasiado del objeto -como diría un profesor-; es un buen jeroglífico, en cierto sentido. Aún cuando libremente y en modo bastante desconcertante para el burgués, todavía pintamos los objetos de la
“realidad”: hombres, árboles, ferias, trenes, paisajes. En eso nos sujetamos todavía a una convención. El “burgués” llama reales los objetos que todos o casi todos perciben en forma similar. Es mi intención, apenas ha ya pasado este verano, pintar durante un tiempo solamente fantasías, especialmente sueños. Me atendré en parte a tu gusto; habrá cosas muy divertidas y sorprendentes, algo así como en los cuentos de Collofino, el cazador de
liebres de la catedral de Colonia. Aunque siento que el suelo oscila un poco bajo mis pies y aún cuando, en general, no ansío continuar actuando, ni vivir muchos años más, de todos modos quisiera arrojar todavía unos cuantos cohetes ardientes en las fauces de este mundo. Hace poco me escribía admirado un coleccionista, que advertía en mis últimos trabajos una segunda juventud. Ha y algo de cierto en esta afirmación. Me parece que sólo este año he comenzado a pintar de veras. Sin embargo se trata más de una explosión que de una primavera. Es asombroso cuánta dinamita existe todavía en mí; pero la dinamita no se deja quemar económicamente en el bracero.
Querido Luis: cuántas veces me alegré para mis adentros de que nosotros dos, viejos libertinos, seamos en el fondo tan recatados que prefiramos tirarnos a las copas a la cabeza antes de descubrir nuevos sentimientos. ¡Mejor así, viejo amigo!
En estos días hemos celebrado a medianoche una fiesta con pan y vino en el “Grotto” de Barengo; nuestro canto y las antiguas canciones romanas resonaban magníficas en el alto bosque. Es tan poco lo que se necesita para ser feliz cuando la edad avanza y se empieza a sentir frío en los pies; ocho a diez horas de trabajo por día; un litro de piamontés; media libra de pan; un Virginia; un par de amigas y, naturalmente, calor y buen tiempo. Este no falta, el sol funciona soberbiamente, mi cráneo está tostado como el de una
momia.
Por momentos tengo la impresión de que mi vida y mi trabajo comenzarán desde ahora; otras veces, en cambio, me parece que he trabajado pesadamente por más de ochenta años y que ya tengo derecho al reposo y a la paz. Todos llegamos al fin, querido Luis, yo y tú también. ¡Oh, Dios!, las cosas que escribo; es visible que no me siento bien. No es más que hipocondría, me duelen mucho los ojos y a veces me persigue el recuerdo de una disertación sobre el desprendimiento de la retina, que leí hace años.
Cuando miro hacia abajo desde mi balcón que tú conoces, comprendo que tenemos que trabajar mucho todavía. El mundo es indeciblemente hermoso y variado; de noche y de día me llama por esa puerta verde, gritando y exigiendo, y yo corro siempre afuera y le arranco un trozo, pero sólo un minúsculo trozo. El seco verano transformó este valle tan verde en una maravillosa región rala y rojiza; nunca hubiera creído que volvería a usar el
rojo inglés y el Siena. Luego me esperan el otoño, los campos de rastrojóla vendimia, la cosecha del maíz, los bosques rojizos. Viviré todavía todo esto, día tras día, y pintaré unos cien estudios. Pero luego, lo presiento, emprenderé el camino de la ruta interior y pintaré de nuevo, como lo hice por un tiempo, cuando era joven, de memoria y fantaseando; haré poesías y construiré castillos en el aire. También eso es necesario.
A un joven que le pedía consejos, un famoso pintor de París le contestó:
-Querido joven, si quiere ser pintor no olvide que ante todo ha y que comer bien. ¡En segundo lugar es muy importante una buena digestión, cuide que sus intestinos funcionen bien! y tercero: ¡tenga siempre una linda amiguita!
Podría creerse que ya aprendí estos principios del arte y que en eso nunca podría faltarme nada. ¡Pero este año, qué maldición! Ni siquiera en estas cosas tan sencillas me anda bien. Como poco y mal, a menudo sólo pan en todo el día y a veces mi estómago me causa molestias (te aseguro que no ha y nada más desagradable!). Tampoco tengo una verdadera amiguita sino cuatro o cinco mujeres y me siento igualmente agotado e insatisfecho. Ha y un desperfecto en el mecanismo y aunque funciona de nuevo desde que lo pinché con la aguja, corre sin embargo tan ligero como el mismo satanás y con un ruido ensordecedor. ¡Qué sencilla es la vida cuando se está sano! Nunca recibiste de mí una carta tan larga, salvo quizás en la época en que discutíamos sobre los colores. Ahora voy a terminar, ya son casi las cinco y empieza a alborear. Saludos de tu Klingsor.
Posdata:
Recuerdo que te gustaba mucho un pequeño cuadro mío, el de acento más chino, con la choza, el camino rojo, los árboles dentados en verde veronés y en el fondo la lejana dudad pequeña como un juguete. No te lo puedo enviar y tampoco sabría donde estás. Pero te pertenece, te lo oigo por cualquier eventualidad