15 de mayo de 2008

Caridad Atencio

















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Mi cabello cortado adornará mi silla, y sus hebras más largas darán indicio a mis caminos. Con el traje de un hombre y una tijera en mano se esperará el milagro. Busca en mí. Llámame por mi nombre más profundo. Para quienes amo quiero llamarme.





...





Estoy en la noche y estoy en el día.

Vaga el cuerpo y se fija en tierras quebrajadas.

Pero la luna anuncia mi espesor.

Un cetro de invalidez rosado entre mis dedos,

dueño de la tersura de mi traje.

Puedo cuidar de la enferma solar en la camilla

desde mi sal de siempre,

y ella con la fragilidad palpa mi frío.

De la mente, que es como un cuchillo, resguardamos

Carne roída sepultada en el pecho.





...





La memoria y la seda desgarrada. Así podría llegar a conocerme. Vestida de una forma y color que expresara justamente todo lo que yo sentía. Presa y continuamente volcada en los demás ¿Por qué la fuerza con que me defiendo se vuelve contra mí? Una prisión que danza, que camina con todas sus razones en el fondo. Quiero quedar en paz cobijada en mi sombra. Quiero crearla yo con mi instinto y sentidos. La memoria y la seda desgarrada. La culpa se acompasa frente a mí hasta tenerme dentro.