13 de junio de 2011

Teresa Fornaris

















Dispositio

(o Hasta que se acabe la luna)


I

Una parte de mí no venía en esta idea. Inventé un paisaje. Otro sitio (variante uno). Todo el trayecto el nervio apuntando a la humedad. El pensamiento. Aligerar la conciencia. No nos tocaríamos —la conciencia y yo.


II

Llegar. La mirada. El disimulo (variante dos). Este lugar. Una justificación para la idea. Escondrijo a las diez de la noche, o antes, o después. Mejor variante dos. Lo malo era la vista de los otros. Los acechadores que aguardaban tras lo “nunca se sabe”. Hay que tomar el riesgo y el fondo de cristal antes de llegar al camino.



III

La costa. Sentarse frente al mar. Chateau. Copacabana. La chica de Ipanema. Imposibilidad del tiempo. Temor de la letra. Lo repentino fue el viaje. Y la variante dos. Yo lo agradezco. En otro sitio no podríamos saber.


IV

Como en la mano que camina y una dice “no hay labios, no estaremos dentro, es el límite”. El mar lo mira burbujeante. Tan oscuro. No puede creerme. Respira su rugido sordo. Tiembla. La pregunta ¿Para qué? Pero es inútil. La prohibición no existe como no existe el límite. Otro sonido y cuerdas que han dicho “mírame” pero no es el ojo lo que busca.


V

Raro sabor de la palabra. Entre las piernas. Cualquiera pasa con su perro. Nunca tan cerca de la costa que imaginaba más oscura. Por los acechadores nunca se sabe. Pero la humedad es mayor. La sal está en las manos. En la respiración tan cerca ¿Para qué vine? No es mi conciencia lo que toco.