20 de julio de 2011

Leyla Leyva












Cinco de cincuenta


Poetas de la generación del ochenta. Una hornada de creadores que por esa época se hicieron notar en antologías, concursos, grupos y publicaciones periódicas, y protagonizaron un periodo de giro sustancial en la poesía cubana.

 La crítica suele coincidir en el alcance de un hecho que dejó a la luz la necesidad de búsqueda y conocimiento de jóvenes heterogéneos e irreverentes, que insuflaron a la poesía cubana un poder de resistencia intelectual y emotiva inéditos.

Muchos de esos escritores continuaron escribiendo y publicando, otros no. Los une una experiencia estética, de implicación sociocultural, que pocos se atreverían a ignorar y ya forma parte de la historia de nuestra literatura. Hoy algunos tienen cincuenta años y la Casa de la Poesía, de la Oficina del Historiador, convocó a cinco de ellos, residentes en diversas regiones del país, para celebrar y hacer de la memoria un punto de mira.

Teresa Melo, Rito Ramón Aroche, Jorge Ángel Hernández Pérez, Ismael González Castañer y Edel Morales leyeron, intercambiaron recuerdos, movieron pensamientos junto a un nutrido auditorio. Con ellos, la descarga de los trovadores Eduardo Sosa y Pepe Ordaz.

Circunstancias individuales en la práctica de la escritura, anécdotas personales de una época, perspectivas de publicación en el difícil "mercado" de la poesía, encontraron receptividad entre los presentes.

Fenómeno de minoría, la poesía, su publicación y entrada efectiva a los espacios culturales del país, parece ser una constante preocupación de los poetas, quienes ven ampliarse la desventaja del género ante otros de mejor manejo en los circuitos comerciales.

Jerarquizar, no mermar la edición de la poesía en Cuba, y ajustar las circunstancias económicas del presente a planes pensados desde la realidad de que la literatura nacional descansa en una tradición poética de profunda simiente, podrían ser caminos a transitar. Cinco de cincuenta, un homenaje que sigue convocando.