13 de julio de 2011

Luis Rogelio Nogueras















Wichy, El Rojo, murió en el verano de 1986.  En ese entonces, yo apenas sabía contar y no lo conocía, como  tampoco que, 25 años más tarde, y sobre la misma fecha en que falleció, iba a leerlo posesamente. Más allá de premios como el David (1967),  el Casa  de las Américas (1981),  su poesía trasciende  aislantes lectivos potenciales como el de la institucionalización  de su nombre,  o su ideología. Aquí dos textos metapoéticos, recordando al hombre cuasi renacentista que los escribió.   

Selección y nota introductoria: Rafael Álvarez Rosales




Defensa de la metáfora


El revés de la muerte (no la vida)

el que clama por agua (no el sediento)

el sustento vital (no el alimento)

la huella del puñal (nunca la herida).



Muchacha antidesnuda (no vestida)

el pórtico del beso (no el aliento)

el que llega después (jamás el lento)

la vuelta del adiós (no la partida).



La ausencia del recuerdo (no el olvido)

lo que puede ocurrir (jamás la suerte)

la sombra del silencio (nunca el ruido).



Donde acaba el más débil (no el más fuerte)

el que sueña que sueña (no el dormido)

el revés de la vida (no la muerte).





Poética

Cuanto dejo en los papeles es

como la búsqueda

de una gota de una sustancia

cuyo nombre ignoro y que se parece

a la vida, o, mejor aún,

que es la vida, encerrada

en una simple gota

de una sustancia

cuyo nombre ignoro. Toda palabra

que escribí trató de acercarme

a esa sustancia

sin nombre.

Todo cuanto hice fue

para llegar

a ella.