18 de enero de 2012

Dino Campana




















Por Rito Ramón Aroche


No hay ni puede haber mejor biografía que la que se pueda hacer el mismo poeta. Los semióticos hablan de biografema. El poeta, sencillamente, de su vida. ¿Verbigratia?:

A los quince años fui al colegio en Piamonte; en Carmagnola, cerca de Turín. Después a la Universidad de Bolonia. No entendía la química. Y por eso me dediqué en parte a escribir y en parte a vivir como vagabundo. Me arrastraba una especie de manía hacia la vida de vagabundo... Pasé algunos meses en la cárcel. Dos o tres meses en Suiza, en Basilea; por una riña. En Italia, detenido, y un mes de cárcel en Parma, hacia 1902 o 1903. Estuve cuatro meses en el manicomio de Imola. En Bélgica, después en el manicomio de Tournay, otros cuatro meses... Hacía de todo. Por ejemplo: afilador. Afilaba hoces, hachas. Bastaba para vivir. He sido músico en la marina Argentina; portero en un club de Buenos Aires. Cavaba terraplenes. Dormía en una tienda. Es trabajo fácil, pero monótono. Fui fogonero en vapores de carga. Y policía en Argentina, o más bien bombero; los bomberos se encargan a menudo de mantener el orden. Estuve en Odessa. Vendía estrellas fugaces (?) por las ferias...

Y en un destello al parecer de lucidez mucho más nítida, o lo que es decir, poco frecuente:

Todos acaban por irritarme. A los futuristas, por ejemplo, los encontraba vacíos... Una vez fui escritor, pero he tenido que dejarlo por debilidad mental No conecto las ideas, no sigo... es preciso que me ocupe ahora de cosas más importantes.

A su vida valdría agregar detalles de su relación con Sibila Alleramo, detalles de su poca poesía (virtudes y defectos aparte; virtudes y defectos aparte quien no los tiene), y del orfismo. Anotaciones de muchos sobre él y también de Edoardo Sanguineti y de Eugenio Montale, entre otros, también. Pero escuchemos a Montale:

En sus oscuras intenciones se advierte una demiurgia, una ritualidad de convocador de la poesía que acaso nunca hubiera podido encontrar la satisfacción en el plano de la lírica pura. La suya es una poesía en fuga, que se deshace cada vez que está apunto de concluir. Lo imprevisible es su desarrollo. Porque la idea de un Campana posterior y diferente es algo impensable y, para nosotros, hasta inverosímil. Y, en efecto, nadie lo ha insinuado; muy pocos han pensado en él como una promesa truncada por la mala suerte.

Recordemos dos fechas: 1885-1949. Y ambas resumen todo lo que fue y nos legó Dino Campana. Su único libro de poesía, Canti Orfici, es de 1914. Perdido en algún lugar y rehecho después, algo más limpio, es lo que piensan algunos. Hubo quien llegó a decir, no sé si Mario Luzi, que no tuvo seguidor. Después de todo, tratándose de alguien como Dino, qué diablos, todo se entiende.


                                                       
Los Quemados,



 A un putas de ojos férreos


Con tus pequeños ojos bestiales
me miras y callas y esperas y luego
me abrazas y vuelves a verme y callas. Tu carne
zafia y pesada duerme entorpecida
en sueños primordiales. Prostituta...
¿Quién te llamó a la vida? ¿De dónde vienes?
¿De los acres puertos tirrenos
de las ferias cantantes Toscana
o en ardientes arenas revolcada
fue tu madre debajo de sirocos?
La inmensidad grabó el asombro
en tu herida cara de esfinge
el hálito hormigueante de la vida
trágicamente te saluda
como a una leona la melena bruna
y miras el sacrílego ángel rubio
que te ama ni amas y que sufre
por ti y exhausto te besa.

 

Traducción: Antonio Armenteros