15 de abril de 2012

Seamus Heaney














Allí, de repente


Una fría puesta, una nidada, casi escondida
Entre el mantillo del otoño pasado, pero sabía yo,
Por la falta de brillo y la quietud, que estaba podrida,
Convertido en sudor fúnebre el rocío de la mañana
Que no hacía brillar las cáscaras, sino que las humedecía.
Estaba agachado en la húmeda hierba
junto al seto, adorando el nido,
Madrugador, dedicado a meter la mano en los nidos
Y habitando a hallar cálidos huevos. En su lugar,
Esta inesperada bolita polar,
Este estigma, este frío de piedra redonda del amanecer
En mi humillada mano derecha, prueba indiscutible,
De repente, de lo que allí conspiraba para abortar
La materia en su enfrentamiento planetario.