11 de mayo de 2012

John Kinsella

















Las nómadas incapaces de volar

No hay manera de salvar la caja para frutas,
clavos ya esqueletos cuando comienza la descomposición
de la madera, tampoco la botella de cerveza corrosivamente
anillada. No hay manera de salvar un cuadro
que está en blanco, ni unas huellas de zorro incrustadas
de hielo más seco que la piel de armuelle.
Y no hay manera de salvar una oración
incumplida cuando fallan las mareas de la fe
y la granja se desploma, cuando las nómadas
incapaces de volar de los barrancos se levantan y conquistan.




Tomado de  El silo: una sinfonía pastoral