20 de mayo de 2012

Vladimir Holan


 














UNA NOCHE TRAS OTRA

Sólo una virgen puede franquear la puerta cerrada
de su propia cámara, en donde
todo lo que se llama seguridad
huele, desde hace mucho tiempo ya, a onanismo,
a violencia, a escupir en un pozo o a la corona de resina
voluntariamente arrojada sobre la torre del hombre.
Si se trata de un poeta, todo está perdido,
si de un asesino, entonces predominará la desnudez
y habrá allí un adulador, un adulador
contratado en las canteras de mármol de Esquilo…