29 de septiembre de 2012

Muriel Rukeiser






















MITO


Mucho tiempo después, Edipo, viejo y ciego, recorrió los
caminos. Sintió un olor familiar. Era
la Esfinge. Edipo dijo, "Quiero hacer una pregunta.
¿Por qué, no reconocí a mi madre?". "Diste la
respuesta equivocada", dijo la Esfinge. "Era la
única respuesta acertada", respondió Edipo. "No",
dijo ella.
"Cuando pregunté qué camina en cuatro patas a la
mañana,
dos al mediodía y tres al ocaso, contestaste
el Hombre. No dijiste nada sobre la mujer."
"Cuando dices el hombre", replicó Edipo, "incluyes a las
mujeres también. Todos lo saben." Ella dijo, "Eso es
lo que tú crees."