12 de marzo de 2013

Cantares de estos tiempos

















Joseph Brodsky


El hombre va a las ruinas una y otra vez,
él estuvo aquí ayer y anteayer
y regresará mañana,
las ruinas lo atraen.
Él habla:
          Poco a poco,
          poco a poco aprenderás tantas cosas, muchas,
          aprenderás a elegir en el montón de escombros
          un reloj despertador y los lomos quemados de los álbumes,
          te acostumbrarás
          a llegar por estos lados cada día,
          te acostumbrarás a saber que las ruinas existen,
          convivirás con este pensamiento.

A veces da la impresión y esto es necesario:
a veces da la impresión que lo aprendiste todo,
y hablas ahora sin esfuerzo
en la calle con un niño desconocido
y lo explicas todo. Esto también es necesario.

           El hombre regresa a las ruinas,
           cuando desea amar otra vez,
           cuando da cuerda a su despertador.

A las personas normales jamás nos pasaría por la cabeza, que uno pueda volver a casa y hallar ruinas donde estaba el hogar: No podemos imaginar que sea posible perder los brazos y las piernas en un accidente del tren o del tranvía: Nos enteramos de todo esto… ¡Gracias a Dios!… a través de penosos rumores, pero es este el porcentaje convenido de infelicidad, esta es la rosa  de las desgracias.
          
           El hombre llega a las ruinas otra vez,
           por largo tiempo escarba con un palo entre
           los mohosos cortinajes y los escombros,
           se inclina, se levanta y mira.

Alguien construye las casas, alguien las destruirá, alguien las levantará otra vez, la profusión de ciudades a todos nos infunde optimismo. El hombre de entre las ruinas alzó algo y se quedó contemplando. Seres así no tienen la costumbre de llorar. Inclusive convidados… gracias a Dios, a las casas de sus conocidos, miran las fotos de los álbumes y dicen con reproche: “En los tiempos que corren, no vale la pena guardar fotografías”

Se pueden levantar muchas edificaciones que serán destruidas igualmente y erigirlas de nuevo.

          Nada hay más terrible que las ruinas del corazón,
          nada hay más sobrecogedor que las ruinas,
          sobre las que cae la lluvia y al lado de las que pasan
          los automóviles último modelo,
          por las que deambulan como fantasmas
          personas con el corazón destrozado y niños con boinas,
          no hay nada más terrible que las ruinas
          que dejan de parecer una metáfora
          y son lo que alguna vez fueron:
          la casa.

                                                                                    1961



Traducción  Rubén Darío Flórez Arcila