28 de julio de 2013

Marosa di Giorgio



















La vaca vino a hablar con mi padre. Él la recibió en su escritorio. La vaca hablaba con voz ronca, en nombre de sí, y de las otras vacas.
Recordó el día de hielo en que nacía, la madre que la bañaba y le dio la leche, el ciclamen que trajo en las sienes al nacer, como reflejo de su sino triste, del cuchillo.

Afuera están el jazmín del Paraguay, todo nevado de azul, azúcar y rocío, y las tortugas andando inmóviles bajo el plato, serias y despreocupadas.

La vaca hablaba con voz ronca, en su nombre y en el de las otras vacas. Papá le miró el áspero mantón y los redondos zapatos naturales.
Mamá y sus primas se asomaron a escuchar.
La vaca miró a papá con ojos color de agua.
Papá bajó los suyos, sin prometerle nada.