22 de abril de 2008

Ileana Álvarez González




Ciego de Ávila, Cuba, 1967. Poeta, ensayista y editora. Miembro de la UNEAC. Graduada de Filología en la Universidad Central de Las Villas, 1989. Master en Cultura Latinoamericana. Miembro de la UNEAC.Libros Publicados: El agua tampoco resiste los grilletes (Poesía. Ed. Fidelia, 1990), Libro de lo inasible (Poesía. Ed. Capiro, 1996, Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara), Oscura cicatriz (Poesía. Ed. Ácana, 1999/Ed. Ávila, 2002, Premio Emilio Ballagas), El protoidioma en el horizonte nos existe (Poesía. Frente de Afirmación Hispanista, México, 2000), Los ojos de Dios me están soñando (Poesía. Ed. Letras Cubanas, Colección Pinos Nuevos, 2001), Desprendimientos del alba (Poesía. Ediciones Ávila, 2001, Premio Raúl Doblado), Inscripciones sobre un viejo tapete deshilado (Poesía. Ed. Vigía, 2001, Premio América Bobia), Dulce María Loynaz: La agonía de un mito (Ensayo. Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Juan Marinello, 2001, Premio de Ensayo Juan Marinello), Los inciertos umbrales (Poesía. Ed. Sed de Belleza, 2004, Premio Sed de Belleza), Consagración de las trampas (Poesía. Ed. Ávila, 2004, Premio Eliseo Diego). Publicó en el 2007, por Ediciones Unión, su antología personal Trazado con cenizas. Ha sido incluida en varias antologías en Cuba y en el extranjero. Realizó la antología de poesía femenina Cuarto creciente (Ed. Ávila, 2007).







signos




a martha núñez, más allá de todo abismo.





cada noche se torna un aguzado hierro en mi garganta,
la densidad de la sombras se adueña de mi voz,
del cuerpo abierto como una res, olvidado
sobre la mordacidad de la provincia.

por los entresijos de mi aliento
he tratado de urdir todos los peligros, sus paisajes.
no logro esbozar el que me define.
frente al tedio apisono mis carnes gota a gota,
las moldeo, las arrojo al fuego,
y yo con ellas me arrojo bien serena,
como una vasija acariciada por dios.
es inútil tanto desvarío:
los tábanos reaparecen,
se quiebra la tierra del espíritu
en el polvo huérfano de la costumbre.

lo imposible,
el desierto que abre en la blancura
un horizonte donde el agua es mentira,
la vacuidad y la extrañeza de las imágenes
que me poseen como a una puta de campo extraviada
en la gran ciudad, sollozando bajo la apatía de los rascacielos...
ellos y también la transparencia del estanque
donde se hacina el sosiego de los astros,
su opresión en el amanecer,
perfilan mis contornos, los hieren,
trazan con frenesí las arrugas,
los signos que me ocultan ante el otro...
y tanto fervor también es inútil.

¿el acto inútil me define?

no puedo decir esto es la felicidad. soy feliz mientras miro cómo el arrebol del atardecer penetra en mis ojos y me acerca una ciudad distinta, menos irreal que esta que me anega, de la que siempre estoy huyendo como un ratón gris; tórrida sombra bajo su aburrimiento. yo sé que la felicidad existe y no es con exactitud una pistola caliente. he visto la felicidad como una muñeca rusa, con olor a madera recién curada; una matrioska inmensa donde cabemos cálidamente todos, unos dentro de otros. sé que existe la felicidad. me basta aquella noche en que sentí en los huesos trastocarse los límites y estallar en cristales hambrientos. acaricié su desamparo y ella puso su saliva en mi dolor y el dolor desapareció, y yo le di un corazón que me sobraba y lo puse allí donde a ella le faltaba uno. la felicidad que estaba triste se rió y me besó mi sexo tenazmente húmedo, femenino. pero las chispas de luz sobre mi piel duraron una noche, apenas una brizna que se espesa cuando necesitamos aclarar las sensaciones y encontrar la raíz que nos eleve.
pero ya lo dije antes, yo no sé escribir la noche, no podría jamás iluminarla. ni siquiera podría alumbrar el silencio a oscuras que yace aquí en las palabras carcomidas por tanto crepúsculo, y tanto ratón inmensa, tontamente gris y pertinaz que se atraganta con la palabra precisa y rebota siempre hasta mis manos con el eco chupado entre los dientes.


me aburro,
los aburro, diciéndome, diciéndoles
que siempre estoy al borde de todo abismo,
que siempre estoy de nuevo retornando
a una imagen ya vivida.
yo escribiendo las mismas palabras
en un tren de madrid, que pronto estallará.
abro la boca para que las gotas de horror
no caigan sobre el piso metálico, ajeno,
forzando las conchas de las sílabas
que se atropellan como carbones ardientes
al fondo del abismo que solo nombro,
que no me atrevo a franquear.

nadie me oirá.
nadie se aburre tanto.
nadie ahuyentará mi miedo.
solo me queda el impulso.
al borde el salto permanece, incólume.
y la pregunta que me domina,
que también me endroga, permanece.
y yo varada sin atreverme jamás a conocer
qué nutre su densidad,
¿permanezco?

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