4 de septiembre de 2007

Luis Jimenez Hernández

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POEMA DE INSTRUCCIÓN PARA MATAR UN AMIGO



Yoel Thomas, se sienta en su habitación, cansado de un curso que hará que deje de ser un liniero. Ha dejado los postes detrás; ahora como tantas veces es poeta y se regodea en la sien y el cañón frío de un revolver imaginario. Lo miro con lastima, pienso que no podrá escribir su tierra baldía y en este poema de consecuencias, dejo caer en su café, gotas de láudano suficiente como para matar un toro.