24 de noviembre de 2007

Seamus Heaney


Nacido en 1939, pasó su juventud en una granja, y el tipo de vida tradicional se refleja en su primer libro Death of a Naturalist (Muerte de un naturalista, 1966). Estudió literatura en Belfast, donde ejerció la enseñanza durante algunos años. Fue luego lector en la universidad de Queen y posteriormente profesor, entre otros lugares, en la de California en Berkeley, en Harvard y en el Carysfoot College de Dublín. Trabajó para la la BBC, y para distintos periódicos.
Libros como Door into the Dark (Puerta a la oscuridad, 1969), North (1975) y Station Island (1984) dan prueba de la claridad y la firmeza de su escritura. En su ensayo Aprendiendo de Eliot apuntó: "la naturaleza de la realidad poética es doble: descubierta primero como un hecho extraño de la cultura, la poesía se interioriza a lo largo de los años hasta convertirse, por así decir, en una segunda naturaleza. La poesía, que al principio estaba fuera de nuestro alcance, generando la necesidad de comprender y someter su extrañeza, se convierte finalmente en un camino familiar dentro de nosotros, en una corriente que la imaginación remonta gustosamente hacia un origen".




Dos Sonetos: In Memoriam M. K. H.



Cuando los demás se habían ido a misa
yo era todo suyo mientras pelábamos patatas.
Rompían el silencio, dejadas caer una a una
como la soldadura que el soplete llora.
Frío consuelo puesto entre nosotros, cosas que compartir
brillando en un cubo de agua limpia.
Y de nuevo dejadas caer. Breves salpicaduras gratas
del trabajo del otro nos devolvían a la conciencia.
Por ello, cuando a martillazos el párroco
recitaba a su cabecera las oraciones para agonizantes
y algunos contestaban, mientras otros lloraban,
recuerdo su cabeza inclinada hacia la mía,
su aliento en el mío, nuestros ágiles cuchillos sumergiéndose.
Nunca más cerca el resto entero de nuestras vidas.




When all the others had gone out to Mass/ I was all hers as we peeled potatoes./ They broke the silence, let fall one by one/ Like solder weeping off the soldering iron./ Cold confort set between us, things to share/ Gleaming in a bucket of clean water./ And again let fall. Little pleasant splashes/ From each other´s work would bring us to our senses.
So, when the parish priest at her bedside/ Went hammer and tongs at the prayeers for the dying/ And some were responding, and some crying,/ I remember her head bent towards my head,/ Her breath in min, our fluent dipping knives—/Never closer the whole rest of our lives.




La frescura que desprendían las sábanas recién descolgadas de la cuerda
me hacía pensar que la humedad estaba aún en ellas.
Pero cuando cogía mis puntas de la tela
y contra ella tiraba, primero directo el dobladillo
y luego en diagonal, estiraba y sacudía
el tejido como una vela al viento de través,
soltaban un cachete secado y ondulante.
Así estirábamos, doblábamos y acabábamos mano a mano,
la fracción de un segundo, como si nada hubiera sucedido
pues nada había que no hubiera sucedido siempre.
De antemano, día a día, sólo el toca-y-vete,
acercarse de nuevo tras la marcha atrás
en movimientos donde yo era la x y ella la o,
inscritos en sábanas cosidas por ella, hechas de sacos de harina desgarrados.




The cool that came off sheets just off the line/ Made me think the damp must still be in them/ But when i took my corners of the linen/ And pulled against her, first stright down the hem/ And then diagonally, then stretched and shook/ The fabric like a sail in a cross wind,/ They made a dried-out, undulating thwack./ So we´d stretch and fold and end up hand to hand/ For a split second, as if nothing had happened/ For nothing had that hed not always happened/ Beforehand, day by day, just touch-and-go,/ Coming close again by hondilg back/ In moves where i was x and she was o/ Inscribed on sheets she´d sewn from ripped-out flour-sacks.