17 de junio de 2008

Gastón Baquero















Poeta, ensayista y periodista cubano (Banes 1918-Madrid 1997). Abandonó su profesión de Ingeniero Agrónomo y Doctor en Ciencias Naturales para dedicarse por completo a la literatura.Su obra poética está contenida en los siguientes títulos: «El álamo rojo en la ventana» 1935-1942, inédito; «Poemas» en 1942, «Saúl sobre la espada» en 1942, «Poemas escritos en España» en 1960, «Memorial de un testigo» en 1966, «Magias e invenciones» en 1984, «Poemas invisibles» en 1992, «Autoantología comentada» en 1992 y «Otros poemas invisibles» 1992-1994.






CANCIÓN SOBRE EL NOMBRE DE IRENE

¡Qué bueno es estar contigo ante este fuego, Irene,
saber que sigues llamándote así, Irene;
que tu nombre no se te ha evaporado de la piel
como se evapora el rocío de la panza del sapo!

Ah decir Irene, Irene, Irene, Irene,
cerrando los ojos y diciendo nada más Irene
por el solo placer y la magia de decir Irene,
Pedaleando en el aire existas o no existas,
¡qué real y sólida eres, qué verdadera eres
en medio del irreal universo por llamarte Irene!

Las salamandritas del fuego se te quedan mirando,
y el humo, antes de irse, se detiene feliz a contemplarse
en el topacioespejo de tus ojos, como una mujer que se empolva la nariz
antes de entrar en el cementerio.

Y tú en tu aire,
y tú, impasible con tu abanico de llamas, sigues nada más
llamándote Irene,
segura de que todo el universo no puede despojarte de tu nombre de Irene!

Yo paseaba un día por el Tíber,
-Tíber de cascabeles ahogados, Tíber de pececitos oscuros
Tíber meado por Tiberio-,
y vi en medio del río una isla verdeante,
trabajada en la materia de las madréporas o de las malaquitas,
¡vaya usted a saber!, pero pequeñita y completamente real;
y vi en la orilla
una de esas estatuas del Tíber sumergidas por siglos,
donde el mármol se ha hecho róseo, y carnal, y blando;
y con mucho temor, con una reverencia, pregunté a la estatua:
-Perdone usted, señor, ¿cómo se llama esta isla?
Y con un gran desdén, entreabriendo apenas los labios y mirándome para nada,
dijo suavemente:
-¿Cómo va a llamarse esta isla? Esta isla se llama Irene.

¡Qué bueno es estar contigo junto al fuego,
y saber que ahí estás, real y verdadera,
saber que estás ahí mientras afuera se evapora el mundo,
y que sigues y sigues,
y seguirás para siempre llámandote Irene!

1 comentario:

Laz dijo...

Vengo desde Cuarto de Maquinas siguiendo el link y es un pena que no los haya encontrado antes. Es un gran blog y lugar donde alimentar la sensibilidad y el pensamiento. Gracias. Un abrazo.