2 de julio de 2008

Eduard Encina














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CAMBIO DE POSICIÓN




Después de la imagen invertida todo cambia. Vuelvo allí, a los rincones donde la muerte asoma su bostezo inaugural. Era mentira la naranja, el cuchillo de andar con la sombra puesta, la luz, el cuerpo era mentira, refugiados en la concha donde no existimos si al voltear el rostro ya nada permanece, si cayeron rencorosos los ciclones sobre el nogal, si mañana el tiempo nos retorna vencidos y estamos en la sangre, abiertos, en el límite, como imágenes que al cruzarse se dividen

Todo cambia

Al medio día el aire escasea y G gusta de sudar la fiebre acumulada. El cambio de posición altera el sentido y la espalda horizontal semeja un mapa de silencio.

Un hombre es la fragilidad – insiste G con el paño de purificar en la mano. Antes de abrir la boca, besa hondo en mi calvicie y mira al techo donde no estoy o tal vez esa imagen hace resistencia, trata de encontrar en sí lo que en realidad me pertenece.

Del lado de acá la belleza, después la carne bumerang que retorna cambiándolo todo en los extremos. Sigue amargo, seguirá amargo el café, el humo de impulsar los días, vaporcito encantado siempre aquí, entre la página y el equilibrio, en la flotadura que a la fijeza no le incumbe, sino a lo que cambia.

Para G conocer la libertad es perderla, entrar en el arca o en la montaña del viejo Zaratustra ¿encontrar lejos del cuerpo su porción más preciada? G sonríe. Apunta hacia el aire impotente que afuera dobla el sentido, pero nada puede con lo que está adentro. Lo sabe. Vuelve a besar mi calvicie aunque el techo se desplome. Así se escurre el dolor, la fiebre que en los ojos nos rebota y marca un impulso que dos no pueden sostener, ni escribir, cuando la realidad se deshila
cuando la realidad no aparece
cuando la realidad es otra realidad que nos cambia y ya no somos dos, sino un abismo paralelo, que puede dialogar aún sin tocarse, aún sin perderse todavía.