14 de agosto de 2008

Teresa Fornaris







Ciudad de La Habana, 1971. Poeta y escritora. Graduada de Ingeniería Química. Miembro de la UNEAC. Trabaja como especialista principal en el departamento de Creación del Centro Cultural Dulce María Loynaz. Obtuvo el Premio Pinos Nuevos en 1999, mención en el concurso Luis Rogelio Nogueras 2004, Premio Eliecer Lazo, Premio Especial de la AHS Regino E. Boti y Premio José Jacinto Milanés en el 2005. Fue ganadora en el concurso internacional Nosside Caribe 2005 y Premio Cauce de poesía en el 2007 con el cuaderno Circularidades. Tiene publicados los poemarios Aqua-sex (Ed. Letras Cubanas, 2000), Raya X (Ed. Letras Cubanas, Colección Poesía, 2004), Encima de chapas de refresco (Ediciones Aldabón, Matanzas, 2007) y A propósito del Fast Track (Ediciones Vigía, 2007). Antologada en Palabras en la Arena (Ediciones Libera, México, selección de jóvenes poetas cubanas, 2006) y Queredlas cual las hacéis, XXI jóvenes poetisas cubanas del siglo XXI (Ediciones Abril, 2007), sus poemas y reseñas han sido publicados en diferentes revistas de Cuba y el extranjero.













En dos partes. Encajar el diente. Repetirse bífidamente hasta que duela en la carencia y la asfixia. Clamor tibio que se cuela mientras no sientas nada más allá de la punzada y el espesor del líquido que baja. El Soñador espera de espaldas contra el muro. Sostenido por el filo. No vuelvas a decir que al final se levanta. Que existe la otra vida con sus bocas. Con su ausencia de aire. ¡Y qué importa! Sólo un minuto demorará el trasiego. El sonido cascabeleante de tu cola. El eufemismo del arte en la contienda.





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En la ausencia del rasgo tiembla el pulso. Una colecta de firmas —a lápiz— con la madera hueca. Dejan la marca en el papel siguiente. Bajo el manto del rey desdibujado buscarás el perdón. La eucaristía que te libre. Que explique la línea dura. Aquella que tomas por esconderte en tus defectos. En el fácil “no soy/no puedo”. A tiempo sobre el carbón esparcirás el blanco. Un corte por el trazo.





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Mientras tus neuronas inventan otras realidades —nadie podrá decirnos la verdadera combinación—, mientras escarchas sobre el aro incandescente. Sigo el salto. Al chasquido/Al grito. La posible mordida. El imperativo en los botones brillantes que miras con cautela. Te rayas en negro para evitar el encriptamiento. El agua y la piedra en los bolsillos que no logrará ninguna cosa: otra conexión aparente. Inmensamente lógica y ordenada —como ha debido ser. Yo: no puedo escapar del hilillo tibio y salado que me corroe. La realidad de la jaula. El punzonazo en la conciencia.