14 de agosto de 2008

Esta mordaz fragilidad atraviesa la muerte sin destino

















Entrevista a Caridad Atencio
Por: Dolores Labarcena



“Dos años, te faltan dos años”... Fueron sus primeras palabras cuando nos conocimos en mi balcón de San Lázaro. Leía entre trago y trago mis poemas iniciales en compañía de los amigos de siempre, y esa fue la pausa para desembarazarse de algo tan incómodo como decir: te falta un mundo. Así nació nuestra amistad. Libros, muchos libros que desconocía, autores de allá y de acá, los cuales leí gracias a su exquisita biblioteca (no tan extensa aunque sí muy popular). Flemática cuando habla, pero sólida y concisa. “Vine con hondos trazos…-nos dice en Salinas para el potro-…voy robando la letra, la palabra, la imagen”. La realidad se bifurca en el espejo. El estímulo son las visiones. “Las fronteras se espesan, se tornan invisibles…La distancia que permite el reflejo es siempre opaca”. Su poética transitando por cada uno de sus libros nace de la vigilia, de la deducción del sueño, el sujeto lo malogra al despertar y trata de improvisarlo mientras ensambla sus re-cortes como ensamblar una fotografía. Lo cual, hace que su escritura sea feraz y tentadora para el imaginario de un lector que goce “hurgar en la raíz”.

Su poética se ubica en la generación de los 90, período marcado por escrituras alternativas. Es una de las voces femeninas más importantes de la poesía actual cubana, junto a Damaris Calderón y Alessandra Molina. Forma parte del proyecto de la profesora norteamericana Elizabeth Leis “Woman: writing in progress in the Caribe today”.





1- Escribir, como tejer o practicar algún deporte, lleva un proceso. Fue difícil visualizar el camino?


Acabo de leer en un libro de Memorias que cultivar un arte es un regocijo que termina en desgarramiento. Qué curioso. Todo empieza, creo yo, en ese proceso que aludes, en esa necesidad de trocar ese desgarramiento en regocijo de alguna forma, y descubrirlo, a veces, te lleva buena parte de la vida. Ocurre también lo contrario, esa energía, ese ludibrium de la creación te desgarra con el tiempo, por todo lo que exige de ti. Me asombré de mi misma bien temprano debido a una sensibilidad `excesiva´, pensaba yo, como algo molesto a la mirada de los otros, y un poco intolerable a la hora de sobreponerse y vivir. Tenía facilidad para las asignaturas humanísticas desde muy pequeña, y ya en el Preuniversitario escribía algo a lo que llamaba novelas en las mismas libretas de la escuela, y mis amigas devoraban a medida que se iba desplegando la trama. Se hacía cola para leerlas, sobre todo cuando estábamos en la Escuela al Campo. Un padre autoritario era lo único que faltaba para sumarse a todos estos accidentes que te he contado. En la Universidad, cursando Letras, escribía poemas, sin mostrar .Creía que un Filólogo era eminentemente un crítico y no que pudiera llegar a ser, si había nacido con las cualidades, un creador con ventaja. Puedo decirte que mi paso por los talleres literarios fue efímero: en el pre la excesiva timidez y la carga docente me lo impidieron, después se interpuso el azar, la no correspondencia entre mi ego naciente y el excesivo didactismo de aquellos. A cado rato me pregunto cómo pude dar el salto de la afición a la profesión, pues realmente entre las dos etapas hay un abismo. He contado en otra entrevista como, sin proponérmelo con planificación, publiqué por primera vez nada menos que en Plural, la famosa revista literaria mexicana, ya desaparecida. En 1991 comencé a sentir que ya podía dar a las prensas lo que escribía y decidí entregar algunos poemas a El Caimán Barbudo. Fatalmente llegué allí el día de su cierre por la crisis y la falta de papel, los ensobré y envié a la Revista Plural, donde trabajaba un amigo uruguayo al que había conocido en un evento literario en Cuba. El día del examen de oposición por una plaza en el Centro de Estudios Martianos, donde aún trabajo, recibí un sobre. Cuando lo abrí vi un número de aquella revista dedicada a Cuba. Allí estaban publicados mis poemas con otros de gente ya famosa, lo que me dio una fuerza infinita para sobrepasar la prueba.



2- Salinas para el potro es “Poesía ontológica, escrutadora del ser…Poesía que incesante busca la recuperación de los nombres verdaderos, las esencias” ¿Qué diferencia existe entre este y tus libros sucesivos?



Salinas para el potro es el primer cuaderno que escribí entre 1990 y 1991, con la idea de que ya tenía que sentarme a escribir propiamente un libro, no poemas sueltos que hilvanas y das a las prensas. Este libro quizá sea más onírico que La Sucesión, más visionario. Allí estrené esa manía de contar sueños que está en más de uno de mis poemarios. Recuerda que el hombre es un Dios cuando sueña, y no lo digo yo, lo dijo Holderlin. Son prosas poéticas más metafóricas que las que han venido después. Allí me dedico a recrear los peligros que acechan al nacimiento, consolidación y consumación del amor. Es el primero que escribí pero el quinto que publiqué, de ahí viene el asombro y los golpes de efecto en el lector y en la crítica. También me parece que allí está uno de los poemas que más me convencen a mi misma: el que cierra el poemario.


3- La Sucesión es un libro anecdótico, prosas que refractan la realidad y la sintetizan a manera de diario, notas, apuntes donde descamas tu sujeto onírico. ¿Cómo imaginas a su lector?


Lo imagino como alguien a quien ofrezco claves, guiños, puntos que le permiten desatar sus mundos respectivos. Proyectar una vida despliega abanicos impensables. Dice la escritora norteamericana Bárbara Demin que las escritoras no podemos vivir sin nuestras vidas, y eso parece que se cumple un poco en La Sucesión. Allí trato ”de que lo real se convierta en símbolo de una verdad más amplia y profunda, de manera que el dato objetivo pase a ser una compleja emoción subjetiva”. Creo que aquí hablas de “sujeto onírico”, porque soy en este libro alguien que recuerda, que inevitablemente sueña: reconstruye y subjetiviza con su visión. Como dice Seamos Heaney “el acontecimiento desnudo dice poco. Es el recuerdo el que le confiere interés poético. El poema nace del contraste entre la experiencia vivida y el conocimiento del presente”. A ese desgarramiento Clarece Linspector lo denomina destrucción o auto destrucción, de ahí lo peligroso de la aventura de escribir. Apunta que el clima se puede volver apocalíptico, por eso enfatiza que el corazón debe estar puro para que se presente la intuición. Dices que estos poemas te parecen notas de diario, apuntes. Hay lectores que me han dicho que los sienten como monólogos dramáticos que pudieran ser representados. Estoy en ese viaje hacia la vida, que, según Martí, es el objeto de la Literatura, y lo confiesa así, en un modo directo, sin metáfora. Sin perder de vista el poder de la imaginación, pues no olvido a Leopardi cuando afirmaba que era necesario convenir en que el hombre moderno, en cuanto se halla plenamente desengañado, gobierna mejor a la imaginación que al sentimiento, algo que ocurre en todos los casos, y que es más apto para imaginar que para sentir. La imaginación es por tanto, la fuente tanto de la razón como del sentimiento, de las pasiones y de la poesía. Y, como dice él, imaginación e intelecto van juntos, y la única cosa que debe mostrar el poeta es la de no saber el efecto que producirán sus imágenes, descripciones y afectos.


4- ¿Qué me dices de la intertextualidad, se usa o se abusa de ella?



Es sólo un procedimiento, no es un fin en sí mismo, sino los poemas se convierten en ejercicios lúdricos, de fatuo ingenio. Amén de constituir un procedimiento de expresión, es un concepto mucho más general, y que denomina algo tan antiguo como puede ser la Literatura. Creo que es uno de sus atributos fundamentales, aunque no tan pregonado, como el aserto que le sirve de comprensión en este caso: No hay nada nuevo bajo el sol. Sobre su uso como procedimiento la sensación que me da es que en mi casa puedo colocar un mueble ajeno, pero las paredes, el techo y el suelo han de ser construidos por mí, lo que hace obvio que el objeto extraño sea ubicado
según aspectos que provienen de mi mundo. Cuando me preguntas esto pienso también en el término “imitación”. Recuerdo que una vez leí que no imitar también era imitar. Ser distinto a los otros autores, y ser distinto para el libro nuevo. Describes los mismos procedimientos, pero quizá en una vuelta diferente de la espiral. Un buen pretexto para usar el procedimiento es comprender que los escritores, por no decir los artistas, tienen sólo dos o tres obsesiones, dos o tres temas. Cómo no recrear entonces ese sutil conocimiento emocional.



5- ¿Cómo y cuándo conociste a Rito Ramón Aroche?



Éramos condiscípulos en el Preuniversitario y, curiosamente, ya los dos escribíamos, pero con personalidades muy diferentes, más aún que ahora: yo firmemente tímida y él aparentemente extrovertido, con una vis cómica que le permitía contar cuentos y hacernos reír a todos, e incluso pensar dedicarse a la actuación. En 1980 matriculé en la Facultad de Letras, y no nos vimos más hasta 1989, cuando nos reencontramos en el Taller Literario de Marianao. Luego del Servicio Militar y de Angola regresaba al taller a ver si encontraba viejos conocidos. Lo recibí con mucha alegría, pues era un medio en el que yo también era nueva y aún conservaba parte de mi timidez. Luego de mirar mis poemas me dijo: “No vengas más por el taller. Lee y escribe, y lo demás podrás lograrlo con el tiempo”. Antes de ser pareja compartimos una hermosa amistad literaria, matizada por asistencias a presentaciones de libros, las famosas subastas de los 90 en librerías de viejos y visitas a escritores como Ángel Escobar y Raysa White. Lo demás es conocido. No somos dados a ponderarnos. Basta con respirar a su lado.


6- ¿El Palenque es un nominativo adquirido o alguna forma de identificación de grupo?



Es un mote que nos puso una conocida crítica de nuestro medio y luego otros muchos acuñaron. Manera de denominar los presupuestos escriturales e ideoestéticos de Ismael González Castañer, Rito Ramón Aroche, Antonio Armenteros, Julio Mitjans, quien esto escribe y algunos otros. Les ha servido para unirnos el que seamos todos negros, exigentes a la hora de asumir el hecho poético, algo rebeldes cuando nos quieren vincular con otras poéticas menos rigurosas. El mote, que tiene cierto dejo despectivo, lejos de hacernos mella, nos enorgullece y nos ha traido cierta propensión hacia la “fama” y la “admiración” de jóvenes escritores de la isla y de personas de otros confines. Es cierto asimismo que compartimos algunos presupuestos ideoestéticos con el grupo Diáspora(s), cuyos integrantes ya no viven en Cuba, pues nos formamos con las mismas lecturas y en el mismo momento, pero no faltan en los medios literarios quienes dicen que nos pusieron este nombre para eclipsar subrepticiamente el influjo que pudiera quedar de aquel en nuestro país.



7- ¿Por qué es tan difícil publicar en Cuba la obra de aquellos escritores que han emigrado?



Las revistas y editoriales afirman que no hay prejuicio, pero sí lo hay, y de diversa naturaleza. En ese caso el escritor auténtico no le queda otro remedio que insistir hasta insertar su obra en los circuitos nacionales y en los foráneos que se lo permitan.



8- ¿Es importante la opinión de los críticos para un poeta?



Pound afirmaba a modo de consejo: “No recibirás nunca una opinión de alguien que no tenga una obra notable”. Y creo que le asistía muchísima razón. La mediocridad literaria que existe desde que el mundo es mundo pulula en demasía entre críticos y escritores. El círculo intelectual, la vida literaria está cobijada de hipocresías y falsedades, premios no merecidos, críticas de compromiso, silenciamientos injustos, solapadas marginaciones. Ahora recuerdo lo que Martí afirmaba en sus apuntes que “muchos críticos creen de buena fe que están cediendo a la justicia cuando están cediendo a la envidia”, y que “reconocer la virtud es practicarla. En eso se reconoce al que es incapaz de la virtud. – en que no la sabe conocer en los demás. El hombre que lo niega todo, quien se niega es a sí mismo”. Hay que tener suficiente fe en uno mismo y seguir creando y depurando tu obra. Si hay real valor el reconocimiento algún día, aunque lejano, llegará. La escritura parece entonces algo incurable, como dije en un verso. “Esta mordaz fragilidad atraviesa la muerte sin destino”.Dalí decía que no le preocupaban las mofas que pudieran hacerle otros artistas o críticos sobre su obra o personalidad, pero si le señalaban un problema técnico, tuvieran o no tuvieran razón, eso sí le preocupaba. Creo que esta actitud se puede compartir. También en nuestro medio literario hay demasiado desespero entre los escritores por ser tenidos en cuenta, reconocidos, reverenciados. Y vemos muchas obras mediocres realzadas por premios de prestigio. Mi profesor universitario Salvador Redonet gustaba afirmar que no valoraba una obra por lo menos hasta que no pasaran por lo menos diez años de su publicación. Es cierto que sobrevivir en Cuba como escritor es un acto de magia, pero ahí mismo es cuando el creador cae en su propia trampa, hace lo indecible por los premios, desde lobbys, conciliaciones, pactos infernales que no van a mejorar lo que escribió. Los cenáculos, los celos literarios, son los enemigos de la crítica. Las penurias económicas y el afán desmedido de notoriedad son los enemigos de las “actuaciones” de los escritores. Recordemos sino a Raúl Martínez cuando decía: “Puedes tener éxito y no ser importante”.