14 de abril de 2011

Guillermo Cabrera Infante




















Fragmentos de:
VISTA DEL AMANECER EN EL TRÓPICO





EL VIEJO MAYOR GENERAL entró en la capital con una mano en cabestrillo, la derecha, dislocada o, como diría un presidente en el futuro, "enferma de popularidad" —tantas veces había tenido que darla a las multitudes que se agolpaban a su paso. La entrada en la capital fue una apoteosis y el viejo mayor general no salía de su asombro, comentando: "Caramba, si hubiéramos llegado a tener tanta tropa como admiradores habríamos acabado con los españoles a sombrerazos", y añadía: "A sombrerazos, ¡caray!"



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HUBO UNA REVUELTA DE SOLDADOS NEGROS, dirigida por un político negro y un veterano de la guerra de independencia también negro. Fue una revuelta menor, pero no tan menor como para que no la recogieran los libros de historia. Todavía se habla de ella a sotto voce. Lo cierto es que los cabecillas fueron agarrados y fusilados en el acto. En la breve guerra habían muerto más de tres mil personas, todas ellas, como dice un historiador, "de la raza de color".



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CAVARON UN TÚNEL por debajo de la calle partiendo de la casita hasta el cementerio. Siguieron cavando hasta el mausoleo porque era un mausoleo más que una tumba privada, abriéndose paso por entre las osamentas y los ataúdes podridos. Cavaron incesantemente para llegar hasta el mausoleo privado antes del entierro. Siguieron cavando entre el fango y la carroña y dicen que uno de los zapadores perdió la razón. Siguieron cavando hasta después del atentado, y el mismo día que debía tener lugar el entierro del muerto grande colocaron las minas de dinamita y extendieron los alambres a lo largo del túnel y hasta la casa. Estaban ya listos a la hora del entierro pero el entierro no tuvo lugar y todo el atentado, el túnel, la dinamita salió sobrando porque la familia del muerto grande decidió enterrarlo en su ciudad natal y no en el mausoleo familiar. Pudieron recobrar la dinamita, pero era imposible rellenar el túnel así que dejaron las instalaciones, los alambres, que fueron descubiertos por un enterrador pocos días más tarde, mientras cavaba una tumba.