17 de junio de 2011

Damaris Calderón





















SIN ORÁCULOS

Aquí no está la nieve narrando una parábola.
Nada nos dice el vuelo de las aves
el pájaro de sangre en nuestro plato.
Aquí la piedra es muda es dura y es huraña
hecha para arrojar al rostro de los muertos.
Aquí las caras cuentan su propia historia triste
se empinan hasta el sol
duras de soportar cuando golpean.
Aquí nada devuelve la lengua a su puñal.
Este es el fronstispicio: la  cicatriz amarga
que no habrás de leer.
Caballo condenado al juego de la noria
este es el círculo que no se cierra.
Mastica el pobre pasto de tus días
señales de esta vida que no comunica.


***


MI DIOS QUE BELLOS ERAMOS

Carlos
Omar
Sigfredo
Ängel.
(Aguedita, Nativa, Miguel.)

Yo vi perderse a una generación.

Cinco como las cinco yemas de los dedos,
Como los cinco dedos de la mano
Carlos
Omar
Sigfredo
Ängel
Yo
barridos con las hojas
de un otoño feroz en un país sin estaciones.
Y no hubo guerra grande ni chiquita.
Ni pelotón de fusilamiento.
Cinco
como los cinco dedos
de una mano
amputada.