22 de febrero de 2012

Vladimír Holan















Pero


El dios de la risa y los cantos hace ya tiempo
que cerró tras de sí la eternidad.
Desde entonces sólo de vez en cuando
resuena en nosotros un recuerdo agonizante.
Pero entonces el dolor es lo único
que no alcanza nunca la dimensión humana,
es siempre mayor que el hombre
y, sin embargo, tiene que caberle en el corazón.