12 de julio de 2012

León de Greiff





















Son. Cuando tango la zampoña...



Cuando tango la zampoña
cuando tango el sacabuche,
jamás pienso en quien me escuche
ni en quien me allane la moña.
Y así la zampoña taño,
pizzico así la vihuela
cantando mi cantinela
como trovero de antaño...

Yo no pienso en quién me escuche.
Yo no pienso en quien me loe
ni en quien el talón me roe
cuando tango el sacabuche,
cuando soplo en el obóe,
cuando tango la zampoña.

Ni en buscar el sortilegio
—con glisado tal o arpegio que
embelese a daifa o doña,
cuando tango el sacabuche...
Cuando soplo en el obóe,
cuando soplo en la dulzaina,
no pienso en boina ni en vaina;
ni en Burdeos o en Borgoña
cuando tango la zampoña—

Cuando soplo en la  dulzaina
y si percuto el adufe
no pienso en que vozne o bufe
ni el cretino ni el tontaina
ni el doctorado en Lovaina.
Cuando tango la zampoña,
si pizzico en la bandurria
no me importa ni la murria
que me enerva y emponzoña.

Cuando tango el sacabuche,
cuando raspo el bandolín
ni cuando froto el violín,
yo no pienso en quien me escuche.

Si resoplo en el fagote,
si taño la cornamusa,
cuando tango la zampoña,
cuando soplo en la ocarina
no pienso en daifa ni en doña
(si me alabe o me abomina,
si se enfada o se alborote...)

Si taño la cornamusa,
laude pido o doy excusa
jamás, ni a Apolo ni al zote
ni a la mismísima Musa
de alto copete o de moña,
ni a Luis de Góngora Argote,
si resoplo en el fagote,
cuando tango la zampoña.