20 de noviembre de 2012

Michel Leiris

















“Estoy muerto…”

1º Estoy muerto. Veo el cielo llenarse de polvo como un cono de aire atravesado, en una sala de espectáculos, por los rayos de luz de un proyector. Se observan varios globos luminosos, de una blancura lechosa, alineándose en el horizonte. De cada uno de ellos parte un largo tubo metálico, uno de los cuales atraviesa mi pecho de un lado a otro, sin que experimente dolor alguno. Avanzo hacia los globos de luz deslizándome suavemente a lo largo del tubo, tomado de la mano de otros hombres que como yo ascienden hacia el cielo, siguiendo cada uno el riel que lo perfora. No se escucha otro ruido que el del chirrido de acero en nuestros pechos.

2º Percibo tan claramente la relación entre el desplazamiento rectilíneo de un cuerpo y la estacada perpendicular en la dirección de este movimiento, que emito un grito agudo.

3º Imagino la rotación de la tierra en el espacio, no de una manera abstracta y esquemática, el eje de los polos y el ecuador vueltos tangibles, pero en su realidad. Rugosidad de la tierra.

4º André Masson y yo evolucionamos en el aire como gimnasiarcas.

Una voz nos grita: «Acróbatas mundiales, ¿ambos pronto váis a descender?». Al oír estas palabras, nos volteamos por encima del horizonte y caemos en un hemisferio cóncavo.




Traducción: Juan Carlos Otaño