13 de enero de 2013

Joan Perucho



Las ratas


Viviendo bajo una tensión milagrosa,

trasladan la luz hasta la sombra

y la pelusa al nacimiento del pus,

como una perla o algo

increíblemente recóndito y precioso.

No habrá sueño ni aurora

en este mundo de cerrados terrores,

latas, papeles, ternura

húmeda, infección y cristales

en la espera del lodo,

de la gota que cae en los desvanes,

del polvo que irremediablemente se filtra

a través de los años y de las ventanas,

a través de la garganta afectada

de cáncer, del caballero

que, sentado en el sofá, esperaba

una simple voz familiar,

filial y emocionada.

Viven en el corazón de los absurdos

significados y esperanzas,

y se detienen inquietas,

temerosas de su fuerza oculta

y tímida, agresiva y perforadora hasta el límite,

hasta el límite de lo que es expresable.

Rumores, voces extinguidas, apagadas

canciones de Navidad, pueblan

estos solares abandonados, estas estancias.

El viento llama ligeramente a una puerta.

Algo se mueve seguro hacia la eternidad.


Traducción José Corredor-Matheos