10 de abril de 2013

Patrick Kavanagh (1904-1967)


















Epopeya



He vivido en sitios importantes, en tiempos
en que grandes cuestiones se dirimían, de quién era
aquel octavo de acre pedregoso, una tierra de nadie
rodeada por reclamos defendidos con horquetas.
“Maldita sea tu alma” —escuché gritar a los Duffy—
y vi al viejo McCabe, desnudo hasta la cintura
pisar el terreno desafiando el acero:
“La marca son estas piedras rojizas”.
Ese era el año del asunto de Munich.  ¿Cuál era más trascendente?
Me inclinaba a perder la fe en Ballyrush y Gortin
cuando llegó el espectro de Homero, susurrando a mi conciencia.
“Hice la Ilíada de una riña local
como esa”, me dijo. Los dioses crean su propia importancia.



Traducción de Jorge Fondebrider y Gerardo Gambolini, 1999.