19 de octubre de 2013

Francisco Morán




















Fin de milenio



Mi sombra se proyecta sigilosamente sobre el piso.
Se alarga como gesto de prestidigitador
que ha olvidado sus viejos trucos.
La miro alejarse de mí entre espasmos
e inútiles resoplidos.
Afuera, los otros persiguen la sombra del milenio,
atosigan al tiempo con celebraciones,
regalos y estrépitos de guerras.
Mi sombra me deja y se va a la calle.
Es tiempo de agotar el último esplendor.
Es hora de cometer el crimen perfecto.