27 de abril de 2012

Ardengo Soffici




















Hospital de campaña 026


¡Ocio dulce del hospital!
Se duerme por semanas enteras,
El cuerpo que habíamos despedido
No puede creer todavía en esta felicidad: vivir.

Las blancas paredes de la habitación
Son como paréntesis cuadrados,
El espíritu reposa allí,
Entre el ardiente furor de la batalla de ayer
Y el enigma florecido que mañana recomenzará.

Tregua clara, crisol de sentidos múltiples,
Aquí todo converge en una unidad indecible;
Misteriosamente siento fluir un tiempo de oro
En el que todo es igual:
Los bosques, las cotas de la victoria, los alaridos, el sol, la sangre de los muertos,
Yo mismo, el mundo
Y estos limones amarillos,
Que miro amorosamente resplandecer
Sobre mi negra mesita de hierro, junto a la almohada.



Sobre el Kobilek

Sobre la ladera rubia del Kobilek
Cerca de Bavterca,
Los shrapnel estallan en ramilletes
Sobre nuestra cabeza.

Sus nubecillas de humo
Blancas, color de rosa, negras
Ondean en el nuevo cielo de Italia
Como deliciosas banderas.

En los bosques alrededor de frescos avellanos
La ametralladora canta
Las balas que rozan nuestra mejilla
Tienen el sonido de un beso largo y fino que volara.

Si no fuera el bárbaro ondulante hedor
De estas carroñas enemigas,
Se podría en esta trinchera que se desmenuza al sol
Encender cigarrillos y pipas;

Y tranquilamente esperar
Soldados unos a otros más que hermanos,
La muerte; que quizá no osaría tocarnos,
Tan bellos y jóvenes somos.

de Kobilek, 1918