3 de febrero de 2013

Gerardo Deniz

















Materia Prima      

Detrás de esa puerta
hacen con Rúnika muebles y otros trebejos útiles.
Sacan ahora un paragüero
todo construido con ella (pues aun el humilde barniz
oscuro
se obtuvo destilando en seco huesos y tendones).
Travesaños, duelas, durmientes, tablas,
demás paralelepípedos;
la sierra mecánica atruena sin reposo.
Riñones como hojas de geranio, verdes y pelusientas,
sirven para agarrar las asas sin quemarse;
las tripas de gato son para raquetas y suturas
quirúrgicas.
Ya sólo suena su imprecación -futhark!- de tarde en
tarde,
más débil cada vez,
cuando el corte se desvía en exceso de la línea
(pues la sierra mecánica atruena sin reposo).
Por la rendija de la puerta veo barrer aserrín leonado
y siento una pena sin límites.
Nunca contemplaré la isla de Jan Mayen.
Ni me he de envenenar en un templo de Poseidón.
Después de la lluvia vespertina
iré pisando buganvilias derribadas,
silbando bajo, como un perfecto tonto,
llevando la mitad de mi enamoramiento sujeta en el
bolsillo
tal como un manco lleva su manga vacía, sí.