23 de julio de 2013

Ted Hughes



 
















 
Escuela de sordos



Los niños sordos eran ágiles monos, peces trémulos y
    súbitos.
Tenían caras alertas y simples
Como caras de animalitos, pequeños lémures
    nocturnos en la luz de la linterna.

Les faltaba una dimensión,
Les faltaba una sutil aura oscilante de sonido y
    respuestas al sonido.
Todo el cuerpo era ajeno
A la vibración del aire, vivían por los ojos.
La clara mirada simple, la plena atención instantánea.
Sus seres no estaban trenzados en una voz
Trenzada a su vez en una cara
Oyéndose a sí misma, su propio público y auditorio,
Aparición camuflada, aseveración en duda –
Sus seres se escondían, y sus caras asomaban del
    escondite.
Con lo que hablaban era una máquina,
Una manipulación de dedos, un tablero de control de
    gestos
Allá afuera en el espacio extraño
Apartado de ellos –

Sus caras sin usar eran simples lentes de vigilancia
Simples charcos de candorosa vigilancia

Sus cuerpos eran como sus manos
Más ágiles que cuerpos, como los martinetes de un
    piano,
Una viveza de marioneta, una simple acción mecánica
Una vaguedad de jeroglifo
Una estilizada escritura
Deletreando señales aproximadas

Mientras el ser atisbaba tras la cara del simple
    encubrimiento,
Una cara no meramente sorda, una cara en la
    oscuridad, una cara no apercibida,
Una cara que era simplemente la piel frontal del ser,
    encubierto y aparte.




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