12 de octubre de 2013

Mario Quintana




















Segunda canción de muy lejos


Había un corredor que hacía esquina:
Un misterio encajando en otro misterio, en lo oscuro...
Pero vamos a cerrar los ojos
Y pensar en otra cosa...

Vamos a oír el ruido cantado, el ruido arrastrado por las corrientes en el aljibe,
Empujando el agua fresca y profunda.
Había en el arco enredaderas trémulas.
Nos inclinábamos en el borde, gritando los nombres de unos y otros,
Y allá adentro las palabras resonaban fuertes, cavernosas como voces de león.
Éramos cuatro, una prima, dos negrillos y yo.
Había azulejos relucientes, el muro del huerto, que limitaba el mundo,
Una ceiba enorme y, siempre y cada vez más, los grillos y las estrellas...

Había todos los ruidos, todas las voces de aquellos tiempos...
Las lindas y absurdas cantigas, tía Tula riñendo a los cachorros,
El chillar de las teteras...
¿Dónde estarán ahora los quevedos de tía Tula
Que no hallaba nunca?
La pobre no llegó a terminar la Toutinegra del Molino,
¡Que salía en folletín en el Correo del Pueblo!...
La última vez que la vi, iba doblando aquel corredor oscuro.
Ya encogida, pequeñísima, humilde. Sus pasos no hacían ruido.
¡Y no se volvió siquiera!


                                                                            (1946)



Traducción Pedro Marqués de Armas