12 de marzo de 2014

Una vida en Rito






















Por Leyla Leyva


Una vida magenta, el más reciente libro de poesía de Rito Ramón Aroche (La Habana, 1961), de cubierta fucsia intenso, tal vez podría desorientar al lector, aunque tratándose de una pieza de Rito, especulo que podría ser el propio autor el menos atribulado con ese ambiguo color, nada desafiante o exigente, según los sicólogos, que le ha tocado en suerte (y que casi se traga la alusiva ilustración de Yornel Martínez), dada su tendencia a lo antitético, a lo contrario.


Pero vayamos a Una vida magenta (Letras Cubanas, 81 páginas), un libro de poesía que se encontrará en los anaqueles de la Feria, y luego en librerías. Libro de poesía más que poemario; voz de trazos cortos, fraccionados, ajena a la lógica chata o a la convención del debe ser en el imaginario poético; fraseo de muestra y recogida, o muestra arbitraria, de manejo de voces y personajes, figuras o figuraciones en un cosmos en el que bien pudiera encontrar reticencias un lector no acostumbrado a moverse en lecturas que indiquen total entrada al juego de esta comunicación.

Dentro de la poesía contemporánea cubana, la de Rito Ramón Aroche se lee, se estudia y comparte como especialmente característica, y Una vida... no significa la excepción. Esto sucede porque de una forma u otra el autor ha perseverado en la defensa de una norma "a lo Rito", sin concesiones al lirismo, sobre todo al clásico, o al medio clásico, o a otra disposición que lo presente nítido, textualmente organizado de pensamiento, ajeno a descoyuntes o torceduras verbales. O sea, listo para el embalaje.

Si acaso hubiera que acercarlo a una visión fácil de definir, sería al Palenque, un grupo de poetas amigos, con blog incluido, cuya afinidad contempla una mirada profunda a la literatura universal y a su mejor poesía, como si desde tal centro se estuviera lanzando un reclamo a nuestras carencias: "Hay que leer, no somos el ombligo del mundo, o "esto ya se ha escrito, no pequemos de ingenuos, o peor, de listos".

Me atrevería a decir que esa posición de embate contra el localismo esterilizante a nivel informativo reafirma la estética de una poesía como la suya, arisca por momentos, de hilarante memoria, marcada por una atípica sonoridad que recurre a las constantes aspiraciones semánticas.

Ahora, eso sí, poca de esta poesía es larga en su sola consecución, y ninguna funciona como antipoesía.

Una vida magenta se organiza en tres partes: Las migraciones, Fu-gantes 1 y 2 y De una vida magenta, y también, a semejanza de sus ocho libros anteriores, este se lee muy sensitivo.

El miro y el veo (Mirar si entro a la pared de fondo. Una vez cada quince días... ); las impresiones no concluidas o resueltas (Toca el verano, el muro./" Es como/ ver nacer del forraje."¿Yacen?) y las experiencias de actos o simulacros de crónica y relaciones y estados anímicos le dan sostén a los fragmentos y orientan/desorientan las voces, las preguntas y respuestas, lo que a la postre resulta una viva escritura de arduo e insólitos cuestionamientos.

(¿Llegaríamos al puente? -Orea tu garganta/ un sorbo y sé (sabes) de ciertas dosis./ "Va hacia ti una arenilla... "/ Más aliviado:/"Ya una vez mi osamenta."Incluso/ antes:"Donde una piedra al sol ¿Vimos?/Donde unas piezas.")

Dejo al lector un corto poema del libro que Rito Ramón Aroche pensara en magenta, es decir, tan oscuro como la sangre, y aunque no es la tónica general del discurso de Una vida..., sospecho que este texto interesará a todo lector, y de paso hará inmejorable el remate.


/Si vas a describir algo, compréndelo, que sea breve./ No tan solo abrasiones. Breve -con un largo destino./ (pág.40).