6 de abril de 2014

Reinaldo García Blanco




















No morir hasta haberlo visto todo 


Mi mujer cantando Alfonsina a las diez de la noche 
Unas muchachas recostadas a los médanos 
Un poeta robándose las obras completas de Severo Sarduy 
Tres prostitutas en Medellín que me confunden con un nicaragüense 
Un ciego de espaldas al mar 
Fayad Jamis leyendo El ahorcado del Café Bonaparte 
Una librería con todo Borges y Los alimentos terrestres de Gide 
Un pingüino muerto en las costas de Talcahuano 
Otra vez mi mujer haciendo pajaritas de papel 
Mi madre tendiendo unas sábanas blanquísimas 
Un policía leyendo a Rainer María Rilke 
Thiago de Melo y María de Aparecida preguntándome por Cuba 
Mi padre a punto de morir bebiendo té con bergamota 
Una mesa llena de uvas negras y otras ambrosías desconocidas por mí 
Tres mendigos sonrientes en la Avenida paulista 
Dos revistas Orígenes en la Librería Renacimiento 
Unas vacas nadando en el mar de Manzanillo 
Un tren francés roto en las llanuras de Camagüey 
Un vendedor de agujas con poemas publicados 
Un ciervo herido que busca en el zoológico amparo 
Mi hermana a la salida de un quirófano 
La Plaza de la Revolución vacía y oscura 
Los muros del Moncada a las tres de la tarde y en agosto 
Esto he visto yo y espero no morir hasta haberlo visto todo.